lunes 4 de agosto de 2008

epidemia

la palabra que me viene a la cabeza cada vez que llevo a mis clientes a una playa es siempre la misma: epidemia. y, con ella, también "plaga"

sospecho que el mero hacinamiento no bastaría para evocarla del mismo modo: no pienso en plagas o epidemias cuando viajo en el metro o visito una estación de esquí. hace falta que a éste se le añada la enorme cantidad de carne a la vista, la ostentosa animalidad de los cuerpos, para que la palabra -y con ella cierto vértigo, cierta náusea- venga a la mente.

en el lago salado de mir, en dugi otok, la sensación ha llegado a ser insoportable. la gente chapotea en un enorme barrizal. toallas de colores estridentes cubren la arena de un pinar. a un kilómetro, sin embargo, las rocas bajan hasta un agua helada y transparente en la que no se baña nadie. hay que tener cuidado para evitar pisar cangrejos y erizos, pero al zambullirme en el mar casi consigo olvidar en que consiste ser humano. por un rato, parece no existir continuadad ninguna entre la carne hacinada de las playas y la propia: mientras floto, el engaño funciona.

1 comentarios:

Henar Lanza dijo...

No en vano fue el hecho de flotar el que dio origen a la expresión jubilosa de "eureka"