lunes 8 de septiembre de 2008

hoteles valamar, babin kuk, dubrovnik

El complejo hotelero Valamar, en Babin Kuk, a las afueras de Dubrovnik, parece diseñado como escenario para la adaptación de una novela de Ballard. Se trata de un conjunto de hoteles, de tres y cuatro estrellas, construidos todos en enormes bloques de hormigón. Ninguno de ellos supera las dos alturas, aunque a veces tienen màs plantas inferiores, aprovechando el desnivel hacia el mar de la colina de Babin Kuk.

Los hoteles estàn unidos por una serie de galerías que pretenden reproducir toda una ciudad: guarderías, pequeños supermercados, una enfermería, agencias de viaje que organizan excursiones a las islas, restaurantes que, pese a su yuxtaposición fingen representar estilos diversos -el restaurante elegante, el bistrò intimo para una cena romántica, la pizzería familiar-. Las avenidas del complejo, siempre un poco más desierto de lo que deberia estar, llevan también a las distintas piscinas de los hoteles, y salen del complejo hacia la playa. Si uno decide apartarse de las calles principales y dirigirse a la playa se encuentra en seguida con el rápido deterioro del complejo. En las calles laterales el complejo comienza a descomponerse. Los locales están abandonados y a menudo en ruinas, y algunos parece que ni siquiera se hubieran nunca terminado de construir. A pesar de que aún se ven materiales de construcción, las obras fueron abandonadas hace tiempo y el óxido y el polvo indican que las tareas de mantenimiento del complejo tienen una frontera bien delimitada. Al borde de estas construcciones inacabadas se extiende el bosque bajo mediterráneo, que desciende hasta el mar, y que en algunos lugares está invadiendo el resort. Los gatos salvajes merodean por la zona. Se alimentan seguramente de cucarachas y roedores, así como de lo que les tiran los turistas desde las terrazas de los restaurantes.

Sin embargo, lo que le da al conjunto una aire único es la forma peculiar en la que esta idea de resort masificado está imbuida de la estética socialista. En el Caribe, un lugar como éste tendría sus sucursales de MacDonald's, Starbuck's, etc. Y consideraría una virtud la diferenciación de estilo entre los locales y la proliferación de colores estridentes. Aquí se nota, sin embargo, que el continente ha precedido a los contenidos, y se imponen el tono gris de los bloques de hormigón y las ventanas cuadradas. Las marcas, llegadas a esta tierra mucho después, no pueden competir y se resignan a aparecer como pegatinas en las ventanas o carteles en las puertas.