martes 30 de septiembre de 2008

el colapso del sistema (una memoria)

A Bruno, que me informó de "la caída del sistema"

El hundimiento de sistema me cogió en Sicilia. La mañana en que los telediarios repetían la imagen captada de forma accidental por la càmara de un turista y que hoy se ha convertido en el símbolo del colapso, dos agentes de bolsa que eligen casualmente el mismo instante para saltar desde las ventanas de sus respectivos despachos en el mismo edificio, la mañana en la que las bolsas de todo el mundo caían en picado a la misma velocidad que los inversores del vídeo, yo subía en un autobús hacia Enna, la capital de provincia más alta de Europa, como supe recordarles a mis clientes entre una curva y otra.

Las escenas de pánico que siguieron a la declaración de bancarrota por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos, los asaltos primero a los bancos y después a gasolineras y supermercados en las grandes ciudades de todo el mundo, no encontraron eco en los pueblos del interior de Sicilia. Achaqué la caída de la línea de mi móvil (lo que luego se conocería en España como La Gran Desconexión, traducción cuando menos particular del The Great Unplug) a los problemas habituales de cobertura en la región, y la imagen que capté de reojo en el televisor de una cafetería -la policía cargando en las calles de Roma contra una muchedumbre que trata de entrar en Montecitorio-, apenas entrevista en el zapeo del camarero entre la reposición de un partido de fútbol y un programa de entrevistas, me pareció la escena de una película italiana, también por el histrionismo y la falta de espontaneidad de los rostros de policías y manifestantes en primer plano.

4 comentarios:

Henar Lanza dijo...

Este post le encantaría al Ballard de la secreta III GM.

hugo romero dijo...

ya sabes, oveja que ballard...

Anónimo dijo...

¿cuando empieza el club de lucha?

hugo romero dijo...

Igual hace ya algún tiempo dándonos de hostias por deporte (y preparándonos para esto) sin darnos cuenta.

Como contaba McEwan, lo curioso es que de viejos le contaremos a los niños cuando nos duchábamos a diario con algua caliente.