Por primera vez en todos estos años subo a Enna.
Todas las guías de viajes insisten en lo mismo: situada a más de 950 sobre el nivel del mar, la "capital de provincia más alta de Italia", la vista imponente que permite dominar casi toda la isla desde el castillo de Lombardía...
Sin embargo, lo que más me llama la atención es la particularísima fealdad de la ciudad... En las calles del centro histórico, se yuxtaponen viejas iglesias y palacios medievales en un estado de abandono que roza la ruina y edificios modernos monstruosos: cubos con el cemento o el ladrillo desnudo y balcones de hierro oxidado... En uno de ellos, sobre el hormigón, una placa: "Aqui vivió Marco Tulio Cicerón".
Pasada la plaza de la catedral, llego a una plaza menor: frente a un palacio gótico aragonés en ruinas, un edificio con aire de bloque de viviendas de las playas del Levante español con un cartel luminoso en amarillo: HOTEL SICILIA. En el centro de la plaza una estatua: un individuo con sombrero, abrigo y bigote. Podría tratarse de un homenaje a los subalternos del mundo, a la manera de Robert Walser.
Toda esta fealdad Enna me permite recordar qué es lo que, en un principio, me enamoró de esta isla.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
Lo stesso M.T.Cicerone diceva:
"Nulla è perfetto appena trovato"
Il terribile è che Enna, assolutamente brutta com'era, mi è apparsa come perfetta!
Respecto a la relación Cicerón-hormigón:
"Selva"
Justo donde la casa, el hormigón que gira
levantándose, las piedras
y el ladrillo obediente, estuvo, no hace mucho,
la selva.
En otro tiempo.
Nada recuerda ahora...
Angel García López.
Me parece genial empezar un poema titulado "Selva" con un verso como "Justo donde la casa". Es como lo que hemos hablado de la estructura del Timeo, que comienza en sentido contrario al que pretende dirigirse, como el paso atrás del atleta para coger carrerilla, una especie de movimiento palintrópico.
Publicar un comentario en la entrada