sentado en una terraza en la plaza de la catedral de sibenik, me camuflo entre los turistas.las gafas de sol, la cámara de fotos, un te frío... tal vez debería comprarme una riñonera. por los altavoces del bar suena el disco de versiones de dylan que bryan ferry grabó el año pasado. una elección bizarra para el contexto, pero a tono con mi espíritu.
la persecución contra los guías turísticos extranjeros en croacia se ha intensificado las últimas semanas. el asunto es como sigue: las autoridades croatas opinan que nadie que no tenga la nacionalidad croata debe trabajar en el mundo del turismo en este país. mi empresa, por su parte, considera que es imprescindible que alguien de nacionalidad española la represente en cada viaje. el conflicto es evidente. ajeno tanto a la retórica nacionalista como a la empresarial, me resulta difícil tomar partido de forma meramente analítica.
cuando el lunes aterricé pula y encendí el móvil empezaron a sonar mensajes que me avisaban de que no me identificara como guía cuando saliera de la zona internacional. los compañeros españoles que esperaban a sus grupos ya en pula habían sido detenidos.
en ese viejo aeropuerto, pasar por el control de pasaportes y llegar a la salida del aeropuerto fingiendo no conocer a los colegas croatas de la empresa con la que trabajo le dio a mi llegada un aire de thriller setentero.
me dirigí directamente al autobús y allí me senté entre los clientes que iban llegando, ayudado por el azar de que uno de ellos había ocupado el puesto en primera fila que suele reservarse para el guía. a la salida del aeropuerto, nos esperaba un control policial que recordaba al de una operación antiterrorista. durante años, mis problemas con la policía han tenido que ver con mi incapacidad para trabajar. ahora se deben precisamente a que trabajo.
jueves 31 de julio de 2008
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